Asediados por las estafas
La Policía Nacional y la Guardia Civil capturan a más de 350 autores de fraudes en el primer trimestre de este año
ADVERTENCIA
Pitonisas que prometen soluciones amorosas a cambio de enormes sumas de dinero, santeros afro-cubanos que anuncian soluciones laborales con ritos esotéricos, falsas ofertas de empleo que se aprovechan de la necesidad de los parados, comerciales sin escrúpulos... La lista es larga. «El hambre agudiza el ingenio y las estafas se están renovando en tiempos de crisis», advierte Susana Gisbert, portavoz de la Fiscalía de Valencia.
Un juzgado de Aragón investiga estos días el extraño caso de la pitonisa presuntamente asaltada por el empresario José Laparra, expresidente del Castellón, en busca de los 147.000 euros que le entregó para un fallido hechizo amoroso.
Otro ejemplo. La Policía Nacional ha desmantelado esta semana en Valencia un grupo que defraudó más de 300.000 euros con la estafa de la falsa herencia, en la que los delincuentes hacen creer a sus víctimas que son beneficiarias de un millonario legado para luego pedirles importantes cantidades en concepto de tasas o impuestos.
El año pasado los delitos de estafa crecieron un 7% en la Comunitat Valencia, según cifras del Ministerio del Interior. Cada día se denuncian 13 engaños de media en tierras valencianas y existe una tendencia que aprecia tanto la Policía Nacional como la Fiscalía: personas paradas o con dificultades económicas se incorporan a las filas de los estafadores, mientras otros en la misma situación desesperada se convierten en víctimas perfectas para timadores sin escrúpulos.
Sólo en el primer trimestre de este año fueron denunciadas más de un millar de estafas en la Comunitat, menos que en el mismo periodo que el año anterior gracias al esfuerzo policial por contener el ascenso. Entre enero y marzo, 300 estafadores fueron puestos ante el juez tras ser arrestados por desplegar sus supercherías en tierras valencianas.
Ya no se ven trileros por las calles de Valencia, sin embargo, «alrededor de una docena de timos diferentes» conviven actualmente en nuestras ciudades y pueblos en busca de inocentes, necesitados o avariciosos, según revelan expertos de la de la Policía Nacional y la Guardia Civil.
Timos entre extranjeros
Los clásicos, como el tocomocho y la estampita, siguen vivos, «pero ahora la tendencia es que sean los extranjeros los que intentan engañar a compatriotas», destacan los agentes consultados. A estas picarescas de siempre se unen ahora los billetes tintados, los falsos revisores o instaladores, las ofertas de trabajo engañosas, el timo del vecino policía, el de la máquina de coser, el del cambio del billete de 100...
Hace sólo dos semanas, unos falsos revisores causaron una fuga de gas en la casa de una sexagenaria residente en Godelleta. Los responsables de la picaresca se presentaron en su casa ataviados con uniforme de trabajo y falsos logotipos identificativos. Hicieron creer a su víctima que debía autorizar la entrada para una revisión obligatoria, por la que le cobraron una elevada suma. Al manipular los conductos del gas sin ningún conocimiento provocaron un escape y la vecina resultó intoxicada.
En Valencia se han producido estafas de este tipo en las que los falsos revisores han llegado a cobrar a sus víctimas hasta 600 euros por no hacer absolutamente nada. O lo que es peor, dañan sus instalaciones en buen estado al simular que las arreglan. Desde la Asociación Valenciana de Consumidores (AVACU) alertan de que estos timadores «disparan su actividad en época de frío y aprovechan noticias relacionadas con explosiones de gas o fugas para despertar el miedo entre sus víctimas y que así accedan a la falsa revisión». Se han dado casos de falsos revisores que incluso muestran los recortes de prensa para lograr su cruel objetivo.
La máquina de coser
La Policía Nacional mantiene abierta una investigación tras reciente la estafa de 20.000 euros a una familia de Valencia con el timo de la máquina de coser. Los responsables del engaño publicitan anuncios fingiendo ser representantes de un museo alemán interesado en piezas históricas de este tipo y con solvencia para pagar elevadísimas sumas. En este caso, otorgaron a la víctima una falsa tasación y le exigieron el dinero para los «costosos pagos de envío y trámites administrativos». Tras la entrega de esta suma por parte de los estafados se esfumaron.
Los agentes también han detectado en Valencia otra peligrosa tendencia, fruto de la necesidad económica o ambición de algunos comerciales sin escrúpulos. Las víctimas suelen ser, igualmente, personas mayores. «Ofrecen servicios reales de telefonía, gas o televisión, la víctima se niega, pero la enredan pidiéndole facturas o documentos bancarios a partir de las cuales obtienen sus datos personales. Con ellos, rellenan una solicitud de alta, como si la persona hubiera consentido. Ellos se llevan la comisión y el afectado descubre al cabo de un tiempo un cargo bancario por un servicio que no desea».
El perfil del estafador que opera actualmente en la provincia de Valencia es el de un hombre o mujer relativamente joven, habitualmente español o suramericano (el conocimiento de la lengua es clave) que actúa en grupo. Normalmente delinque integrado en clanes familiares y en los últimos años se ha detectado la incorporación a la picaresca de valencianos en paro y hasta estudiantes universitarios que caen en la trampa de las redes que operan por internet.
Al olor de la desesperación, en Valencia se han instalado decenas de santeros, curanderos o videntes de origen africano o suramericano que se alimenta de inquietudes laborales, de salud o sentimentales. Suelen publicitarse a través de internet o en folletos colgados en los limpia-parabrisas. Según fuentes policiales «fijan sus 'consultas' en pisos de alquiler o bien realizan visitas a domicilio, carecen de cualquier licencia de actividad y suelen cobrar por adelantado». Otra característica común de este colectivo es «exigir a sus víctimas grandes sumas de dinero con la excusa de adquirir los elixires mágicos necesarios para los ritos».
Manuel El Santero
Contactamos telefónicamente con Manuel El Santero, que se anuncia por internet. «Para las personas que por desgracia han sido estafadas y no han podido resolver sus problemas, las puertas de mi casa están abiertas», expone en su anuncio. Manuel asegura que conoce procedimientos para encontrar trabajo con unos misteriosos baños. «Yo te cobraría sólo 25 euros por la consulta, pero luego 40 mas por el baño», explica. Promesas parecidas lanzan en internet Babalawo o el Profesor Sana, que cura desde la impotencia sexual a enfermedades graves.
Esta actividad, si bien constituye un engaño cada vez más extendido, no puede enmarcarse como estafa en sentido técnico legal. Es lo que la ley define como «engaño suficiente», es decir, para que algo sea concebido como estafa debe haber una sucesión de acciones en las que la víctima sea llevada a un error. En el caso de los santeros no es un error sino la superstición o confianza en las soluciones propuestas lo que hace que la víctima acabe confiando su dinero.
Fernando Móner, presidente de AVACU, recomienda directamente «desconfiar» de estos «vendedores de milagros» y, en todo caso, «exigir siempre una factura o recibo como única manera posible para poder iniciar algún tipo de reclamación». Además, alertó del «peligro» de que personas enfermas «confíen asuntos de salud graves a ritos milagrosos de curación, abandonando en algunos casos los tratamientos médicos».
El responsable de la asociación de consumo también resalta que, a las puertas de verano, «se multiplican las falsas ofertas de trabajo en el extranjero en las que prometen a las víctimas un empleo bien remunerado en algún país para luego exigirles adelantos de dinero en pago por unas supuestas gestiones con la embajada». En otras ocasiones, añaden desde la Policía Nacional, «los timadores piden dinero para equipos de trabajo y cuando las víctimas aportan estas sumas los autores del engaño desaparecen».
Según la fiscal Gisbert, «la actual situación económica es un caldo de cultivo excelente para estas prácticas, tanto por la necesidad del que la lleva a cabo como por la posible desesperación de la eventual víctima». «Son las situaciones desesperadas las que llevan a las personas a creer en lo increíble», detalla la portavoz de la Fiscalía. «Que no nos tomen el pelo», sentencia Móner. «En el trabajo, como en todo, no hay milagros sin esfuerzo».

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